Por: Jessica Campos

Tras ir en busca de él, finalmente va llegando, despacio, pero llegando.

Creo firmemente en el poder de Dios, también creo que este se hace más pleno si está conectado con nuestro poder interior. Allí, donde nace toda expectativa, todo sueño, toda petición.

Aunado a la prolongada (para nosotros) cuarentena, estaba en búsqueda de tiempo. Tiempo para desarrollar una de mis pasiones, escribir. Tiempo para plasmar mis experiencias que tanto gusto me da compartir. Tiempo para explorar cada una de las sensaciones y emociones percibidas luego de pasar un rato extenso a solas, ensimismada.

Aquí abro mi texto, en dos ideas principales.

Cuando me refiero a la medición que nos hemos atrevido a hacer sobre esta cuarenta, y que hemos etiquetado como prolongada, opino que es la equivocada. Todo tiempo tiene su propósito, toda historia tiene su final. Siendo repetitiva en mis últimos posts, insisto en que no veamos este tiempo desde lo cuantificable, sino desde lo calificable.

Esa normalidad a la que anhelamos volver ya no será llamada normalidad. Principalmente porque hubo cambios en los actores principales, nosotros. Por tanto, aprovechemos este tiempo, por muy prolongado que sea, porque tal vez mañana llegue a su final y no sabemos cuándo podamos volverlo a degustar. Que nuestro propósito sea VIVIRLO, sin prisa, con cuidado, con calma, con paciencia.

Mi segunda idea a plasmar refiere a mi experiencia durante estos intensos días, largas horas y hasta diferentes estaciones. Ha habido emociones, sí. Ha habido altibajos, también. Pero sobre todo he encontrado esa grandioso poder de conectar con la única persona que tenía rato sin prestarle atención, y que ha resultado ser una excelente compañía, que siempre ha estado allí en silencio, sin entorpecer: mi YO.

Desde mi perspectiva, podemos desarrollar la capacidad de conocernos, de evaluarnos, comunicarnos, respetarnos y valorarnos. Es la vida la que nos está permitiendo un periodo para lograrlo. Aún estamos a tiempo, siempre lo estaremos. Es un minuto al día lo que se necesita para preguntarte, de dónde vengo, dónde estoy, hacia dónde voy, pero sobre todo, antes de que termine ese minuto, intenta darle mayor peso a responder la pregunta más importante: ¿Quién soy?

Les confieso, ya yo lo intenté, y como resultado me surgieron unas ganas inmensas de continuar en este viaje de palabras. Vengo re-cargada de energías para escribirles más. Así que, por ahora, solo me queda comenzar a celebrar.

Respira y Vive

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